La Liga Tucumana de Fútbol volvió a quedar en el centro de la polémica luego de que la final del Torneo Apertura, disputada entre Deportivo Graneros y Concepción FC, terminara en un verdadero escándalo. El encuentro, que se desarrollaba en el estadio de Deportivo Aguilares, debió ser suspendido cuando una batalla campal estalló en el ingreso a los vestuarios justo en el momento en que ambos planteles se retiraban al descanso con el marcador igualado en cero.

El foco de los violentos disturbios se ubicó en un sector que, en teoría, debía estar completamente vedado para cualquier persona ajena a las delegaciones. Sin embargo, en la zona se mezclaron futbolistas, integrantes de los cuerpos técnicos, dirigentes y un número indeterminado de personas sin autorización. La gresca desbordó rápidamente el operativo de seguridad dispuesto en el lugar.

Ante la gravedad de los hechos, el árbitro principal, Pablo Pereira, decidió frenar el reinicio de las acciones hasta contar con garantías de seguridad. El colegiado llamó a los capitanes —Pablo Lencina por el “Cocodrilo” y Pedro Villarreal por el “Cuervo”— para sondear si existían las condiciones necesarias para disputar el complemento. Como la espera no alcanzó para bajar la tensión y los ánimos seguían caldeados en los alrededores del campo de juego, la terna arbitral, en conjunto con la Policía, resolvió no arriesgar la integridad de los presentes y decretó la suspensión definitiva del cotejo. Cabe destacar que más de 7.000 personas habían colmado las instalaciones del estadio “Don Agustín Fernández”, una multitud que terminó complicando aún más el control de los desbordes.

El futuro de la final, en manos del Tribunal

Ahora, la resolución del conflicto queda exclusivamente del lado del Tribunal de Disciplina de la Liga Tucumana. Las autoridades deberán cruzar los partes policiales con los informes arbitrales para reconstruir minuto a minuto cómo se originaron los incidentes y, fundamentalmente, determinar quién habilitó el ingreso de terceros a una zona de acceso restringido.

De esta exhaustiva revisión saldrán las eventuales sanciones a las instituciones y el destino deportivo del encuentro: si se disputan los 45 minutos pendientes o si el título se define en los escritorios. Una vez más, el fútbol provincial suma un lamentable capítulo de violencia en sus instancias más decisivas.

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