Durante la jornada, prestó declaración el neurocirujano Ricardo Aguad, quien intervino cuando el estado de salud del menor ya era crítico.
Según el testimonio de la madre de Matías, el neurocirujano fue convocado aproximadamente 20 horas después de que el niño comenzara a presentar un sangrado. La mujer cuestionó durante la audiencia que el profesional haya considerado correcta la actuación de los médicos del Sanatorio San Lucas y planteó interrogantes sobre la falta de estudios que, según sostuvo, podrían haber permitido detectar a tiempo la complicación neurológica.
Uno de los puntos que generó especial preocupación para la familia fue la mención realizada durante la audiencia sobre la necesidad de practicarle una resonancia. La madre cuestionó por qué ese estudio no fue realizado durante los cinco días que Matías permaneció internado. También se hizo referencia a la posibilidad de una angioresonancia para detectar una eventual obstrucción, luego de que una tomografía mostrara lo que podría haber sido un pequeño coágulo.
De acuerdo con el relato de la familia, los profesionales descartaron que Matías hubiera sufrido inicialmente un ACV hemorrágico y consideraron la posibilidad de un ACV isquémico provocado por ese coágulo. La madre sostiene que esa complicación habría sido consecuencia de una atención tardía y cuestiona que los signos que presentaba el niño —entre ellos, una pupila dilatada y anisocoria— no hayan derivado en una intervención inmediata.
Otro de los aspectos señalados durante la audiencia fue el sangrado registrado durante la cirugía. La madre aseguró que el anestesista dejó asentada la existencia de un sangrado importante y que esa situación habría provocado una demora en el procedimiento. También sostuvo que los análisis realizados antes y después de la operación mostrarían una importante disminución en los valores sanguíneos: según su recuerdo, Matías habría ingresado con un valor cercano a 13 y salido del quirófano con aproximadamente 7.
La familia afirma que, después de la cirugía, el niño presentaba signos compatibles con una importante pérdida de sangre y una disminución de la oxigenación: habría salido pálido, frío, con la boca morada y posteriormente fue trasladado a terapia intensiva. La madre cuestionó además que algunas de estas complicaciones no hayan quedado registradas de la misma manera en los distintos documentos de la historia clínica.
El caso se remonta a octubre de 2016, cuando Matías Juárez, de 8 años, fue sometido a una cirugía de amígdalas en el Sanatorio San Lucas. Tras la intervención sufrió graves complicaciones que derivaron en un deterioro neurológico y finalmente en su muerte. Ahora, casi una década después, el juicio oral busca determinar las responsabilidades de los profesionales acusados y establecer si existieron errores, demoras u omisiones que pudieron haber cambiado el desenlace.
Durante las audiencias, la familia de Matías insiste en que una intervención médica más rápida podría haber evitado el deterioro que terminó con la vida del niño. “A mi hijo lo dejaron morir”, expresó su madre al referirse al accionar de los profesionales y al dolor que atraviesa desde la muerte de su hijo.

