Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que pone a la salud mental en el centro de la agenda sanitaria frente a indicadores que preocupan a las autoridades médicas. Las estadísticas oficiales reflejan un escenario crítico en el país, traccionado principalmente por un alarmante aumento de casos en la franja etaria que va de los 14 a los 25 años, donde el acoso escolar, la violencia digital y el consumo de sustancias influyen directamente en la vulnerabilidad emocional.
El impacto de la “soledad no deseada” y la falta de diálogo
La jornada busca visibilizar el sufrimiento y derribar mitos para promover la detección temprana en los distintos entornos de pertenencia. Al respecto, Silvia Ongini, psiquiatra infanto-juvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas, advirtió sobre las nuevas dinámicas de aislamiento: “Hoy hablamos de la soledad no deseada en niños y adolescentes como uno de los factores de riesgo más importantes”.
La especialista remarcó la necesidad imperiosa de habilitar la escucha activa en los hogares, tras notar con preocupación que muchos jóvenes prefieren dialogar con un algoritmo de chat antes que con un compañero o un adulto, lo que dificulta metabolizar situaciones de violencia o bullying. “Visibilizar el sufrimiento, registrar los cambios de conducta, habilitar la palabra y no minimizar ni subestimar las señales de alerta es clave para actuar a tiempo”, subrayó.
Cuáles son las señales de alarma y cómo accionar
Los profesionales detallan que las manifestaciones de vulnerabilidad incluyen el aislamiento, la persistencia de ideas negativas, la desesperanza, la irritabilidad y el retraimiento. En lo cotidiano, estas alertas pueden traducirse en alteraciones de los patrones de sueño o alimentación, conductas desafiantes, deterioro del rendimiento escolar o laboral, abandono del cuidado personal e, incluso, una hiperactividad inusual utilizada como mecanismo de evasión.
Ante la detección de ideaciones o intentos suicidas, la respuesta debe ser inmediata, integral e interdisciplinaria. Resulta fundamental el trabajo articulado entre la familia, la escuela y el sistema de salud para construir una sólida red de contención, la cual, en cuadros de riesgo agudo, puede llegar a requerir de una internación terapéutica como medida estricta de protección.

