Cada 17 de agosto, al conmemorarse un nuevo aniversario del fallecimiento del general José de San Martín, el Cruce de los Andes vuelve a ocupar un lugar central en la historia argentina y americana. La expedición, iniciada en enero de 1817, fue mucho más que una travesía por una de las cordilleras más imponentes del mundo: fue una operación militar cuidadosamente planificada para liberar Chile y avanzar luego hacia Perú.

Desde el campamento de El Plumerillo, en Mendoza, San Martín organizó un ejército de 5.424 hombres, integrado por soldados de infantería, caballería, artilleros, milicianos, auxiliares, zapadores y personal sanitario. Para sostener la campaña se movilizaron unas 10.600 mulas y 1.600 caballos, además de alimentos, armas y medicamentos. La preparación incluyó también raciones como el Valdiviano, elaborado con charqui, grasa, cebolla y ají, pensado para aportar energía durante las largas jornadas de marcha.

La estrategia no se limitó a la logística. San Martín puso en marcha la denominada Guerra de Zapa, una operación de inteligencia y desinformación destinada a confundir al ejército español. José Antonio Álvarez Condarco recorrió territorio chileno y luego elaboró mapas de los pasos cordilleranos, mientras que el sacerdote Francisco López fue utilizado como agente doble para transmitir información falsa a los realistas.

El plan culminó con la división del ejército en seis columnas distribuidas a lo largo de unos 800 kilómetros, con movimientos de distracción que obligaron a los españoles a dispersar sus fuerzas. Las columnas principales avanzaron por Los Patos y Uspallata y lograron concentrar cerca de 4.000 soldados en el valle del Aconcagua. La estrategia permitió sorprender a los realistas y, el 12 de febrero de 1817, la victoria en la Batalla de Chacabuco confirmó el éxito de una de las campañas militares más importantes de la historia de América.

Con información de Noticias Argentinas