Este domingo 18 de octubre se celebra una nueva edición del Día de la Madre en la Argentina, una jornada tradicionalmente dedicada a homenajear y compartir en familia. Sin embargo, nuestro país representa una gran excepción a nivel mundial: mientras que la gran mayoría de las naciones realiza este festejo durante el mes de mayo, la Argentina mantiene inalterable su costumbre en el mes de octubre.
La explicación detrás de esta particularidad en el calendario tiene un origen estrictamente religioso, aunque en la actualidad la celebración haya trascendido esa barrera dogmática para incluir a familias de todas las creencias y consolidarse como un hito popular.
El vínculo con el calendario católico
El antecedente histórico de esta fecha se remonta a la festividad de la Maternidad de la Virgen María, que la Iglesia Católica conmemoraba tradicionalmente el 11 de octubre. En el año 1931, el papa Pío XI instituyó formalmente esta celebración dedicada a María como madre de Jesús.
En la Argentina, esa iniciativa eclesiástica tuvo un rápido correlato. Durante el gobierno de facto de José Félix Uriburu, se dispuso que el Día de la Madre se celebrara a nivel nacional en un domingo que estuviera cerca del 11 de octubre, con el objetivo de facilitar las reuniones familiares en una jornada no laborable.
Con el paso de los años y las adaptaciones del calendario cívico, el festejo quedó establecido definitivamente para el tercer domingo de octubre. Esta modalidad permitió mantener una referencia fija dentro del mes, provocando que el número exacto cambie todos los años (cayendo en este 2026 puntualmente el 18 de octubre).
Hoy en día, la fecha adquirió un sentido social y cultural mucho más amplio que el de su génesis religiosa. Los encuentros alrededor de la mesa, los regalos y los mensajes de afecto se han consolidado como una forma universal de reconocer el rol fundamental de las madres en la sociedad, más allá de la tradición católica que motivó la elección inicial en nuestro país.

