Un día como hoy, pero hace 214 años, la historia argentina cambiaba para siempre a orillas del río Paraná. El 27 de febrero de 1812, cuando el sol comenzaba a caer en la Villa del Rosario, el General Manuel Belgrano tomó una decisión que marcaría el destino de las Provincias Unidas: darles una identidad propia.

Ante las baterías de artillería “Libertad” e “Independencia”, Belgrano mandó izar por primera vez el pabellón nacional. Según los registros históricos, la bandera fue confeccionada por una vecina rosarina, María Catalina Echeverría de Vidal, y jurada con fervor por los soldados que, hasta ese momento, combatían con divisas realistas.

Un nacimiento prohibido

Sin embargo, el camino de la enseña patria no fue sencillo. Tras comunicar el hecho al Primer Triunvirato, Belgrano partió hacia el norte para hacerse cargo del Ejército sin saber que se le negaba la autorización para utilizar la nueva bandera. La frágil situación política y el temor a una ruptura formal con el rey Fernando VII llevaron al gobierno de Buenos Aires a ordenar que se ocultara.

Desconociendo la prohibición, Belgrano volvió a enarbolarla meses después en San Salvador de Jujuy, presentándola en los balcones del Cabildo y recibiendo su primera bendición religiosa. Fue allí donde recibió la orden tajante de guardarla. Con dolor pero disciplina, el prócer obedeció el 18 de julio de 1812, resguardando los colores hasta que los vientos de libertad soplaran con más fuerza.

La consagración definitiva

El reconocimiento oficial llegaría cuatro años más tarde, en nuestra provincia. Tras la Declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán aprobó formalmente su uso el 20 de julio de ese mismo año, terminando con la clandestinidad del símbolo.

Finalmente, el 25 de febrero de 1818, se le incorporó el Sol de Mayo en la franja blanca central. Este emblema, que hace alusión al dios inca Inti y replica el diseño de la primera moneda nacional (con sus 32 rayos flamígeros y rectos), quedó reservado durante años para uso oficial y de guerra. Recién en 1985, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, se dispuso que la bandera con el sol fuera la única para todos los argentinos, unificando así el sentimiento nacional bajo un mismo paño.