La Argentina dejó de ser oficialmente un Estado miembro de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno, anunció este martes que el retiro del país se hizo efectivo tras cumplirse exactamente un año desde la notificación formal enviada por el gobierno de Javier Milei en febrero de 2025.

La decisión, que se enmarca dentro de lo establecido por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, marca un quiebre en la política sanitaria internacional del país. Según detalló Quirno, a partir de ahora la Argentina “continuará promoviendo la cooperación internacional en salud a través de acuerdos bilaterales y ámbitos regionales, resguardando plenamente su soberanía”.

Duras críticas por la pandemia y alineamiento con Trump

La ruptura con el organismo creado en 1948 para coordinar respuestas ante emergencias globales se fundamenta en un profundo rechazo a las políticas sanitarias promovidas durante la irrupción del Covid-19. La medida tomada por Milei, de hecho, se dio en espejo con una decisión similar adoptada días antes por el presidente estadounidense, Donald Trump.

Desde el oficialismo lanzaron munición gruesa contra el rol de la OMS y su respaldo a las medidas tomadas por la administración de Alberto Fernández. Entre los principales cuestionamientos del Gobierno se destacan:

  • Daño económico y social: Calificaron a las cuarentenas recomendadas por la OMS como “una de las mayores catástrofes económicas de la historia mundial”, argumentando que dejaron a los niños sin clases, quebraron a las pymes y dejaron sin ingresos a miles de trabajadores, sin evitar la pérdida de 130.000 vidas en el país.
  • Denuncia extrema: El Gobierno llegó a afirmar que el modelo de aislamiento estricto podría catalogarse como “un delito de lesa humanidad” de acuerdo al Estatuto de Roma de 1998.
  • Falta de rigor científico: Acusaron a la entidad de basar sus recetas en “influencias políticas” en lugar de evidencia científica, y de mostrar una total inflexibilidad para admitir errores.

Para la gestión libertaria, la OMS se ha convertido en un organismo supranacional que no cumple con sus objetivos fundacionales, sino que “se dedica a hacer política internacional y pretende imponerse por encima de los países miembro”, limitando así su capacidad de decisión autónoma.