El juicio que investiga las responsabilidades médicas en torno a la muerte de Diego Armando Maradona suma este jueves una nueva y determinante jornada de audiencias. El foco estará puesto en la internación previa que atravesó el astro en la Clínica Olivos, donde fue intervenido quirúrgicamente semanas antes de su fallecimiento.
Durante la jornada está previsto que el neurocirujano Leopoldo Luque, uno de los principales imputados en la causa, amplíe su declaración indagatoria por séptima vez. A su vez, el Tribunal de San Isidro —integrado por los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón— escuchará los testimonios de tres profesionales de la salud que tuvieron un contacto directo con el paciente:
- Fernando Villarejo: Jefe de terapia intensiva de la clínica.
- Sebastián Nani: Jefe de cardiología.
- Pablo Rubino: El neurocirujano que estuvo a cargo de la operación del hematoma subdural.
Los magistrados buscarán reconstruir, a través de estas exposiciones, cuál era el verdadero estado de salud de Maradona durante el postoperatorio, cómo fue su evolución y qué recomendaciones clínicas se brindaron al momento de firmar el alta. Estos testimonios son considerados fundamentales para determinar si la posterior internación domiciliaria en Tigre cumplía con los parámetros médicos necesarios o si se trató de un acto de negligencia.
El contundente antecedente de Villarejo
El testimonio del jefe de terapia intensiva, Fernando Villarejo, genera especial expectativa debido a las fuertes declaraciones que brindó durante el primer juicio (posteriormente anulado) el año pasado. En aquella oportunidad, el profesional expuso serias disidencias con el equipo de salud liderado por Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov.
Villarejo relató el complejo panorama que se vivía en la habitación del “Diez” tras la cirugía. Según describió, el paciente se encontraba irritable, atravesando un cuadro de abstinencia y rodeado de un entorno que el médico calificó como “complicado” y con “demasiada gente”.
Entre los puntos más graves de su declaración anterior, Villarejo afirmó:
- Pedidos de sedación: Aseguró que Luque y Cosachov le solicitaron reiteradamente que durmieran a Maradona durante varios días para controlar su estado emocional alterado, bajo la justificación de que era “inmanejable”. La clínica se negó, argumentando que no era el lugar para mantener a un paciente sedado por tiempo indeterminado.
- Rechazo a la internación domiciliaria: El intensivista dejó asentado en la historia clínica su oposición a que el exfutbolista fuera llevado a una casa. Sostuvo que no existían las condiciones adecuadas y recomendó derivarlo a un centro especializado en adicciones y psiquiatría.
- El rol del entorno: “Diego parecía tener un cuadro psiquiátrico agudo. Las hijas, por desconocimiento o porque confiaban en Luque, dejaron que hicieran lo que para ellos era necesario”, detalló Villarejo, marcando la influencia de los imputados en las decisiones familiares.
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