Brasil se enfrenta a una jornada electoral decisiva. Más de 158 millones de ciudadanos están habilitados para votar este domingo en un balotaje que enfrenta a dos modelos de país diametralmente opuestos: la continuidad del actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores), o un giro hacia la derecha encabezado por el senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal), primogénito del exmandatario Jair Bolsonaro.

El escenario llega marcado por la sorpresa de la primera vuelta celebrada el pasado 4 de octubre, donde Bolsonaro se impuso por 47% a 45% (una diferencia de 2,2 millones de votos), contrariando los pronósticos que vaticinaban un triunfo del actual jefe de Estado. De cara a esta definición, las encuestas muestran un escenario abierto. Si bien algunos sondeos y analistas le otorgan una leve ventaja al candidato del PL, el último estudio de la consultora Datafolha reflejó una paridad absoluta.

La clave de la elección parece centrarse en los niveles de participación. Lula da Silva apuesta su futuro político a movilizar a los más de 33 millones de electores (el 21% del padrón) que se abstuvieron en la primera vuelta, un sector que históricamente se concentra en las franjas más vulnerables y en el empobrecido nordeste, bastión del PT. Por su parte, Bolsonaro logró aglutinar el respaldo del “Centrão” —los partidos tradicionales que garantizan gobernabilidad en el Congreso— y sumó el apoyo de los candidatos que quedaron relegados en octubre, quienes acumularon cerca de cinco puntos porcentuales.

En paralelo a la contienda presidencial, siete estados, entre ellos Río de Janeiro y Brasilia, también definen este domingo a sus gobernadores en segunda vuelta.

El impacto en el mapa regional y geopolítico

La elección brasileña trasciende sus fronteras y es observada con extrema atención por toda América. A sus 80 años, Lula representa el principal bastión de la izquierda sudamericana. Una victoria de Flávio Bolsonaro, de 45 años, teñiría el mapa regional de azul, consolidando el avance de gestiones de derecha y centroderecha que hoy gobiernan en Argentina (Javier Milei), Chile (José Antonio Kast), Bolivia (Rodrigo Paz), Paraguay (Santiago Peña), Perú (Keiko Fujimori), Ecuador (Daniel Noboa) y Colombia (Abelardo De la Espriella).

Asimismo, el resultado redefinirá la política exterior de la principal potencia sudamericana. Según los especialistas, la salida de Lula significaría un alineamiento automático con la administración de Donald Trump en Estados Unidos y la incorporación de Brasil al “Escudo de las Américas”, un plan de seguridad regional contra el narcotráfico —apoyado por el Gobierno argentino— que abre las puertas a la presencia de tropas estadounidenses y al cual el actual mandatario brasileño se opone férreamente.

En definitiva, Brasil define hoy entre dos sistemas: mantener un modelo con fuerte intervención del Estado en políticas públicas y de inclusión, o virar hacia una estructura económica liberal con menor participación estatal y un nuevo liderazgo internacional.

TN