La investigación por la trágica muerte de Cinthia Verónica Lazarte sumó un avance clave en las últimas horas. Tras el macabro hallazgo de su cuerpo calcinado dentro de un vehículo abandonado en la calle Francia al 1.100, efectivos policiales lograron la aprehensión de un sospechoso, mientras la Justicia intenta determinar las circunstancias de lo que se perfila como un brutal femicidio.

El caso salió a la luz durante la madrugada del sábado, cuando los vecinos de la zona alertaron sobre el incendio de un Fiat Palio bordó estacionado a la altura del 1.154. Tras sofocar las llamas, los peritos se encontraron con los restos de la víctima de 41 años. El dato que giró la investigación hacia un crimen violento surgió en las primeras pericias forenses: el cuerpo presentaba una atadura en el cuello.

Actualmente, los investigadores buscan establecer si Lazarte fue asesinada previamente y el fuego se utilizó de manera intencional para borrar huellas y evidencias. En este marco, el trabajo de la Brigada de Investigaciones permitió reunir pruebas fundamentales que derivaron en un allanamiento pasadas las 19 horas del sábado, logrando la captura de un hombre en un domicilio de la calle Lola Mora, a muy pocos metros de la escena del crimen.

“Prefería ser libre”

Mientras la Justicia define la situación procesal del único detenido, quienes conocían a Cinthia no salen de la conmoción. La mujer se encontraba en situación de calle y utilizaba el vehículo incendiado —el cual, según vecinos, pertenecía a un taller mecánico cercano— como refugio improvisado para protegerse del frío.

Su principal contención diaria era la Congregación de las Hermanas de Caridad de Nuestra Señora del Buen y Perpetuo Socorro. “Era una mujer que necesitaba ayuda y a la que tratábamos de acompañar. Su final nos da mucha tristeza”, relató con dolor la hermana Hilda. Según la religiosa, Cinthia acudía todas las mañanas a desayunar y solía regresar por las tardes.

El viernes por la noche, horas antes del trágico desenlace, tomó un té, comió un sándwich y se despidió avisando que se iba a dormir. A pesar de los constantes intentos de las monjas por trasladarla a un refugio seguro, ella siempre se negaba bajo el argumento de que “prefería ser libre”. Hilda la recordó como una persona respetuosa, atenta a su higiene y con un fuerte carácter para sobrevivir en la calle: “Gritaba a los hombres que la molestaban o a gente que consumía drogas; los enfrentaba y los ahuyentaba”.