La ciencia argentina celebra hoy una de sus fechas más emblemáticas. El 10 de abril fue instituido como el Día del Investigador Científico en honor al nacimiento del doctor Bernardo Alberto Houssay (1887), una de las mentes más brillantes de la historia del país y el primer científico latinoamericano en ser galardonado con un Premio Nobel.

A lo largo de su extensa carrera, Houssay no solo se destacó por sus descubrimientos de impacto global, sino por su incansable vocación para institucionalizar la ciencia en la Argentina y formar a nuevas generaciones de profesionales.

Una vida marcada por la precocidad intelectual

Nacido en el barrio porteño de Almagro en el seno de una familia de inmigrantes franceses, Houssay demostró desde la niñez una capacidad intelectual fuera de lo común. Su trayectoria académica es el reflejo de una mente prodigiosa:

  • A los 5 años: Rindió un examen libre para ingresar a la escuela primaria y fue admitido directamente en tercer grado.
  • A los 8 años: Ingresó al nivel secundario gracias a una autorización especial.
  • A los 13 años: Obtuvo su título de bachiller.
  • A los 17 años: Se recibió de farmacéutico.
  • A los 21 años: Ya ejercía como profesor universitario.
  • A los 23 años: Obtuvo su título de médico.

En 1919 fue nombrado profesor de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), cátedra desde la cual publicaría en 1945 el histórico tratado “La Fisiología de Houssay”, una obra monumental que fue traducida al inglés, francés, japonés, portugués, griego e italiano.

El Premio Nobel y los avatares políticos

El reconocimiento mundial a su incansable labor llegó en 1947, cuando fue galardonado con el Premio Nobel en Fisiología y Medicina. El jurado sueco lo premió por su descubrimiento sobre el papel que juega la hormona del lóbulo anterior de la hipófisis (anterohipófisis) en el metabolismo de los hidratos de carbono, un hallazgo fundamental para el entendimiento y tratamiento de la diabetes.

Sin embargo, su prestigio internacional no lo eximió de los conflictos políticos de la época. En 1945, debido a su militancia en la Junta de Coordinación Democrática —opuesta a la candidatura de Juan Domingo Perón—, fue apartado de su cátedra universitaria por el interventor de la Facultad de Medicina tras el triunfo del peronismo.

Años más tarde, tras el derrocamiento de Perón, Houssay volvió a ocupar un lugar de máxima relevancia en el Estado. El 5 de febrero de 1958 se convirtió en el principal impulsor y primer presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el organismo público que hasta el día de hoy es el pilar de la ciencia argentina.

Houssay falleció el 27 de septiembre de 1971, manteniendo intactas sus ganas de enseñar. Su visión de país quedó inmortalizada en una de sus frases más célebres:

“No deseo estatuas, placas, premios, calles o institutos cuando muera. Mis esperanzas son otras. Deseo que mi país contribuya al adelanto científico y cultural del mundo científico actual. Que tenga artistas, pensadores y científicos que enriquezcan nuestra cultura y cuya obra sea beneficiosa para nuestro país, nuestros compatriotas y toda la especie humana”.