Este 13 de abril el mundo entero celebra el Día Internacional del Beso. La fecha fue instaurada como un homenaje al beso de mayor duración registrado en la historia, un récord que tuvo lugar en Tailandia durante una conmemoración del Día de San Valentín.
Sin embargo, el origen histórico de esta demostración de afecto se remonta mucho más atrás en el tiempo. Según los vestigios más antiguos documentados, la práctica proviene de Oriente, más específicamente de la región de la India, donde se han hallado figuras talladas en piedra en el interior de templos milenarios que ilustran este acto.
Hoy en día, el beso trasciende el simple acto erótico o romántico para convertirse en una fuente comprobada de salud física y mental.
¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando nos besamos?
La acción de besar desencadena una verdadera revolución interna. Según explica Marina Sangonzalo Candel, especialista en Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Valencia, durante un beso apasionado podemos llegar a mover hasta 36 músculos del rostro, mientras que el latido de nuestro corazón puede pasar del estado de reposo a la agitación en cuestión de segundos.
Este estímulo físico viene acompañado de una potente reacción química. De acuerdo a diversos estudios científicos, el beso provoca un incremento sustancial de la oxitocina, la hormona responsable de generar placer, potenciar el enamoramiento y afianzar los vínculos afectivos.

