La vicepresidenta Victoria Villarruel dio el presente por primera vez en la tradicional vigilia por el 9 de Julio frente a la Casa Histórica de Tucumán. Invitada expresamente por el gobernador de la provincia, Osvaldo Jaldo, la titular del Senado ocupó un lugar en la primera fila, dispuesta en diagonal al estrado desde donde el presidente Javier Milei pronunció su discurso por el 210° aniversario de la Independencia.
Una vez finalizado el mensaje de 20 minutos del jefe de Estado —que culminó con su habitual arenga de cierre—, la mayoría de los presentes comenzó a desconcentrar. En ese momento, los caminos de los integrantes de la fórmula ejecutiva volvieron a bifurcarse: mientras Milei y su equipo se dirigieron al interior de la casona, la vicepresidenta optó por permanecer en el exterior para dialogar con la prensa y dejar varias definiciones de peso.
Diferencias discursivas y la mirada puesta en 2027
Al analizar las palabras del mandatario, Villarruel marcó un sutil pero claro contrapunto respecto al tono elegido. “Creo que el discurso que tenemos que dar es el de una unidad ante momentos difíciles de todos los argentinos”, expresó. En esa línea, añadió: “El discurso del Presidente es político; hoy conmemoramos una fecha que nos trasciende a todos los espacios políticos”.
Ante la sorpresa que generó su presencia, la número dos del Ejecutivo se mostró contenta de estar en la vigilia para acompañar “al Gobierno nacional, a todos los senadores, espacios políticos y a los gobernadores”. Tras reiterar su compromiso de servir al país, aseguró que hoy su mente está en “cumplir con mi deber, que es el de vicepresidente de la Nación, en un momento histórico importante”.
Sin embargo, no esquivó la consulta sobre sus proyecciones de cara a las elecciones presidenciales de 2027 y fue contundente: “Me gustaría ser la persona que sirva a los argentinos con decencia, con honestidad y con profundo patriotismo; con eso yo ya estoy hecha”.
Vuelos separados y un vínculo cada vez más frío
La organización de los traslados hacia la capital tucumana volvió a desnudar la distancia política y personal que hoy rige el vínculo entre el primer mandatario y su vice. Villarruel llegó por sus propios medios, en un vuelo separado al de Milei y el resto del Gabinete nacional. Su avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional Benjamín Matienzo poco después de las 22 horas, donde fue recibida por el vicegobernador local, Miguel Acevedo.
La dinámica de los últimos meses marca que cada cita oficial se convierte en una vidriera de esta ruptura. El antecedente más cercano se dio el pasado 20 de junio en Rosario, durante los actos por el Día de la Bandera. En aquella oportunidad, Villarruel confirmó su asistencia por redes sociales pese a que la Casa Rosada no la había incluido en la lista de invitados formales del Ejecutivo.
Ese escenario de desplante protocolar ya se había evidenciado durante los festejos del 25 de mayo, cuando la vicepresidenta tampoco fue convocada por la cúpula de la gestión libertaria para asistir al tradicional Tedeum en la Catedral Metropolitana.
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